UNIJES: Retos para el curso que comienza

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Al inicio de curso han preguntado desde InfoSJ a los delegados de los sectores de la Compañía en España cuáles creen que son los principales retos para este 2022-2023. Así ha respondido UNIJES, el Sector de Educación Universitaria. 

Hay un reto permanente que toma forma de muy distintas maneras en función del contexto: que el sector sirva a la misión de la Compañía de Jesús, que promueva la fe y la justicia en un entorno muy intercultural y progresivamente interreligioso, que requiere crear puentes de entendimiento entre personas y sociedades.

El entorno actual, en España, es muy distinto al tradicional mundo universitario de la Compañía:

  • Vivimos en una sociedad muy secularizada, muy plural, donde el valor de lo religioso y la fe es muy reducido para la población en general y entre los jóvenes en particular. Vivimos Cambios culturales y de costumbres de enorme calado ante los que la Iglesia no tiene una respuesta clara. Por otra parte, existen elementos de la tradición religiosa que perviven y con los que hay que saber conectar.
  • Estamos presentes en una sociedad del conocimiento. De ahí la importancia de poder tener una presencia en los grandes debates de ideas y de praxis social, aportando el rigor académico y la sensibilidad de la CJ.
  • A su vez, es una sociedad profundamente polarizada, utilitarista y superficial, en la que el deterioro y descrédito de la democracia van de la mano del populismo, unas veces, y de “poderes fuertes”, en otras. Nuestro rol universitario en favor del pensamiento crítico y de liderazgos socialmente responsables es ineludible.

A este entorno general, se le suma un contexto específico universitario:

  • Con reglas del juego que exigen requisitos mínimos de calidad en la “producción” científica, niveles de productividad en investigación, de reconocimiento social, rankings y acreditaciones, etc.
  • Una competencia creciente, tanto nacional como internacionalmente.
  • Una sostenibilidad económica más exigente en inversiones de talento, tecnología, internacionalidad, etc.

Todo ello lleva a vivir tensiones en el quehacer universitario, algunas inherentes como la excelencia académica vs. formación holística, y otras más recientes, como la derivada de los rankings, que abre una polaridad creciente entre la orientación misional (propósito y sentido) vs. la orientación a mercado (clave para la supervivencia).

A todo ello habría que sumar el contexto específico de UNIJES:

  • Con reducida presencia de jesuitas en las obras y una necesidad constante de contratar nuevo personal en las universidades que tiene, en muchas ocasiones, gran desconocimiento de la Compañía de Jesús y de la Iglesia, fruto de este tiempo secularizado.
  • Con unos niveles de actividad, complejidad y obras en el sector superiores con relación al pasado reciente.
  • Un proceso de “ser y hacerse” como Sector en la nueva provincia integrada, que requiere adaptaciones en las estructuras de gobierno y modos de proceder.
  • Necesidad (y dificultad a la vez) para conectar con los otros sectores para desarrollar un auténtico y completo proceso de misión.

Todo ello nos reta necesariamente a la hora de gestionar muchas polaridades si se desea tener un impacto positivo.

A su vez, el sector como red de centros, está en una situación excepcionalmente buena para contribuir apostólicamente de acuerdo con las cuatro preferencias universales: atrae anualmente a casi 50.000 estudiantes y participantes en su programas, en su gran mayoría jóvenes; en la sociedad del conocimiento, el sector se encuentra en una posición apreciable y con crecientes niveles de investigación, contando con más de 160 unidades de investigación (cátedras, institutos, etc.), y un gran potencial de transferencia y proyección social para acoger el debate y la crítica del saber existente.

Para todo ello, un reto fundamental en clave interna es la selección y formación de nuestro personal. No solo en la tradición ignaciana, sino en una toma crítica de distancia del modelo de universidad que nos impone el mercado y los sistemas para medir nuestra excelencia, sin perder nada del sustantivo (universidades) pero acentuado todo lo que de identidad nos aporta el adjetivo (jesuitas), en términos de misión, modelo pedagógico, tradición, red internacional, etc.

En clave “ad-extra” podemos identificar los siguientes retos:

  • En el entorno mencionado, ofrecer oportunidades para formar personas con una vida plena de sentido, personal y profesional (Ayudar a las almas), buscando estilos y modos de educación, investigación e incidencia social que permitan iniciar y acompañar procesos personales que abran y den sentido a la vida (“en todo amar y servir”). En definitiva, trabajar desde el Magis y con el paradigma pedagógico universitario Ledesma-Kolvenbach, en sus cuatro dimensiones interrelacionadas: Utilitas, Humanitas, Iustitia y Fides.
  • En palabras del P. General, “Sembrar en suelo sediento”. Para ello, se requiere una fuerte adaptación al entorno secularizado y estar atentos al nihilismo, los fundamentalismos de todo signo, el populismo y otros tantos “ismos” que nos rodean, para trabajar en pos de una sociedad secular madura. En este sentido, la universidad jesuita debería ser un centro capaz de discernimiento y de ofrecer una espiritualidad madura, generador de actitudes de reconciliación y compromiso con justicia social.
  • Hemos de preservar la dimensión política de la tarea universitaria en su contribución a la “polis”, especialmente en situaciones donde se cuestiona o entra en crisis la democracia a causa de los populismos, la polarización, la posverdad. Nuestra tarea consiste en abrir cauces a la investigación rigurosa, el pensamiento crítico, el debate sereno y la vocación de servicio.
  • Otro reto importante es abordar la interculturalidad y la inter-generacionalidad, en una interpelación constante que desafía nuestra identidad y tradición.
  • Un reto general y que, en nuestro caso, se torna cada vez más relevante, es nuestra contribución a la preservación de la Casa Común, con compromisos progresivos y una praxis medible en materias de sostenibilidad y responsabilidad social.

Todo lo dicho requiere responder desde UNIJES ante retos muy centrales y que nos llevan a formular y desarrollar proyectos estratégicos y líneas de actuación, tales como:

  1. Poner en el centro de nuestra formación una comprensión práctica de la pedagogía ignaciana, el paradigma LK y la innovación educativa.
  2. Promover activamente la cultura vocacional en nuestros centros, para dar sentido y propósito a la vida personal, social y profesional, a la propia vocación, también a la religiosa y a la posible vocación concreta a la CJ.
  3. Profundizar en metodologías como el APS (Service Learning) y en la formación en valores, las asignaturas identitarias y las éticas profesionales.
  4. Centrar una parte importante de la investigación en las áreas prioritarias de la Compañía: migraciones, diálogo fe-ciencia equidad-pobreza, etc., articulando en red los recursos de las diferentes instituciones.
  5. Favorecer la implantación y desarrollo de comunidades de misión o apostólicas.
  6. Potenciar la formación para directivos en la manera de proceder de la Compañía.
  7. Desarrollar equipos de personas en el gobierno y la alta dirección universitaria alineadas con la misión, para mejorar la articulación de la gobernanza de las instituciones y del Sector.