


Estudiantes, PAS y PDI de la Universidad Pontificia Comillas han participado en algunos de los principales actos del viaje apostólico del papa León XIV en Madrid, acompañando sus mensajes de fe, comunidad, humanidad y compromiso.
La Plaza de Lima comenzó a llenarse horas antes de la llegada del papa. Música, jóvenes buscando sombra, conversaciones, bocadillos, cámaras preparadas y algunas horas de espera, pero con “alegría, mucha alegría”.
Muchos ya habían vivido experiencias parecidas. “Es un momento de unión, de juntarnos todos, de compartir estos momentos. Todos nos unimos por un mismo objetivo”, explicaba Elena, estudiante de Comillas. Para otros era la primera vez participando en un evento de tal magnitud. “A pesar del calor, aquí estamos todos”, decía Alejandra. La sensación recordaba a las Jornadas Mundiales de la Juventud de Lisboa. Aquel momento tenía la “misma vibra, mucha sensación de comunidad, comunidad joven unida por Dios”.
Para Esther Pompa, del equipo de Comillas Espiritualidad, precisamente ahí está una de las claves: “La fe se vive en comunidad porque precisamente la fe te invita a la apertura y la apertura es con el otro”, una idea que apareció una y otra vez durante la visita, especialmente en las palabras de León XIV: “Nadie está solo creyendo en Jesús. ¡Mirad cuántos estáis aquí!”.
Apenas unas horas después, concretamente al día siguiente y durante la misa del Corpus Christi, el Pontífice volvió sobre una idea parecida al recordar que la fe no puede permanecer encerrada: “No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia y de una fe cómoda y privada.” Para muchos miembros de Comillas presentes estos días, acompañar al papa consistió en experimentar esa idea precisa de que la fe necesita comunidad.
Cuando León XIV apareció en Plaza de Lima durante la vigilia, el ambiente cambió por completo. Las miradas y las sonrisas se transformaron. “¿Qué te ha parecido el papa?” le preguntábamos a una estudiante. “Precioso”, respondió ella.
Ellos le escucharon con atención. Y él les dijo cómo escuchar a Dios. La primera recomendación fue desarrollar la capacidad de estar en silencio. Precisamente ese fue uno de los momentos más impactantes y especiales de la vigilia. Cuándo medio millón de personas callaron al mismo tiempo. «Para reconocer la voz de Dios, puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí creo que es muy importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio. (…) Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer”, les había dicho un rato antes León XIV.
“Estoy demasiado emocionada”, decía Isabela. “Todo el mundo estamos sintiendo lo mismo ahora”, explicaba Noelia. Una sensación extraña. Una multitud de personas que salían de ellas mismas para convertirse en una unidad.


La idea transversal durante todos los actos fue la del significado de ser humano. León XIV la formuló explícitamente durante el encuentro Tejer redes con la sociedad civil: “¿Qué significa ser verdaderamente humano?”, preguntó a los asistentes.
La pregunta apareció constantemente también en otros escenarios y se convirtió en una misión dirigida expresamente a los jóvenes durante la vigilia: “Sed humanos. Hombres y mujeres de carne y hueso.” Y defendió la necesidad de cuidar la herida del otro, de buscar la verdad entre tanto ruido e ideologías: “Las ideologías pasan mientras la verdad permanece”, dijo el Pontífice.
También durante el encuentro con la sociedad civil Tejer redes, el papa insistió en que el desarrollo tecnológico, económico o institucional solo tiene sentido si coloca en el centro a quienes más necesitan ser escuchados: “es menester un diálogo social que podemos comparar con el arte de tejer redes, que implica encuentro, escucha, diálogo y respeto», dijo.
Asimismo, León XIV interpeló a los asistentes del encuentro preguntándoles: «¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?» Añadiendo que: «Sigue vivo el grito de mis predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo».
Sin duda, estos mensajes conectaron de forma natural con nuestra esencia como universidades de la Iglesia, como universidades jesuitas, desde las que queremos contribuir al humanismo cristiano, promover la búsqueda de la Verdad, contribuir al bien común y, todo ello, en diálogo con la sociedad.
Hacia el final de los actos en los que participó la comunidad universitaria de Comillas, el papa León XIV en Madrid dejó una misión clara a la sociedad. En un mundo que a menudo excluye a los pobres y a los que no tienen voz, el papa invitó a los presentes a ser «hilos nuevos» que armonicen todos los ámbitos de la vida, desde la economía hasta el arte.
El mensaje de despedida para los jóvenes fue un grito de responsabilidad: «¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con amor!».