


Caritas Bizkaia y la Fundación FOESSA presentaron el 27 de enero en la Universidad de Deusto el informe sobre exclusión y desarrollo social en Euskadi. Este Informe FOESSA 2025 recoge los resultados de la encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales 2024. Al respecto, el rector de la Universidad, Juan José Etxeberria afirmó: «En Deusto solemos decir que nuestra misión no termina en las aulas. Como universidad de la Compañía de Jesús, nuestra excelencia se mide por el impacto que generamos en la vida de los demás, especialmente de quienes sufren la exclusión».
Si bien es cierto que Euskadi sigue manteniendo niveles de protección social y renta superiores a la media española, el rector aseguró que no podemos caer en la autocomplacencia del dato macroeconómico, porque detrás de los indicadores medios hay realidades económicas, sociales y humanas muy diferentes. Las cifras alertan de algo preocupante: la integración plena de las personas está retrocediendo en Euskadi. Hoy, más de 259.000 personas viven en Euskadi en situación de exclusión. Pero lo más alarmante es el crecimiento de lo que FOESSA denomina la «sociedad en la cuerda floja»: esa integración precaria afecta ya a más de un tercio de nuestra población.
Son familias para las que tener un empleo ya no garantiza la ausencia de pobreza. Hay hogares donde el acceso a la vivienda se ha convertido en una barrera infranqueable que absorbe más del 40% de sus ingresos, y una preocupante brecha en la renta disponible que castiga especialmente a los hogares con menores y a la población de origen extranjero. En este sentido, Juan José Etxeberria cree que «como sociedad vasca, no podemos permitirnos una fragmentación donde el género, la edad o el origen determinen la esperanza de vida o el éxito académico de nuestros jóvenes».
Ante este escenario, la misión de la Universidad de Deusto, como universidad jesuita, es contribuir con la formación e investigación a las trasformaciones para construir sociedades más justas. Para lo que es necesario una investigación con propósito, a fin de alcanzar soluciones estructurales.
Por otro lado, se ha de promover una formación integral. En nuestras aulas se están formando las personas que serán futuros jueces, médicos, economistas, trabajadores sociales y líderes empresariales. El compromiso universitario es que salgan no solo con un título, sino con competencias diferenciales y valores humanos, con la conciencia de que una sociedad que deja atrás a 259.000 personas es una sociedad inacabada. «Queremos que el ‘sentido de justicia’ sea una de sus cualidades».
Y, por último, el compromiso social. En este sentido, la generación y transferencia de conocimiento debe servir para «humanizar la atención, reducir la burocracia y poner la vida en el centro de la agenda pública».
El Informe FOESSA 2025 no es solo un análisis de indicadores y de la realidad, sino también una hoja de ruta para la esperanza activa, en el que se incluyen propuestas para la acción. Recoge que la exclusión es evitable si existe voluntad política, social y académica. Las universidades jesuitas seguirán apostando por un conocimiento que valga más que el oro: un conocimiento que sane heridas y construya puentes.